El Transiberiano via Kazan

La estación era bastante grande, similar a cualquier estación de una gran ciudad y los pasajeros parecían ser solo rusos. A pesar de ser de noche, había mucha gente. Muchos de ellos con bolsas inmensas de mercadería que trasladan entre las ciudades y por supuesto muchas bolsas de comida. Me senté un segundo a mirar el tren en el andén y a disfrutar de esa enorme sensación de satisfacción que produce estar a punto de hacer realidad un sueño, creo que hasta me felicite internamente por haber llegado hasta ahí, sin tener muy claro como había sucedido; me levante y me subí al tren.

El Tren

Así empecé oficialmente el recorrido de este mítico tren. El trayecto hasta mi siguiente parada (Kazán) eran aproximadamente unas 13hs y la verdad, se me hizo muy corto. Este tramo, todavía lo hice en 2da clase, ya que la diferencia de precio no era grande y lo que me habían dicho de la 3ra clase era horrible. Aun así, ya la cama de este tren, si bien se veía igual que el que había tomado para ir a Moscú, no era tan cómoda y como bonus track la señora que dormía al lado mío roncaba como un oso. Igualmente, yo estaba feliz de estar ahi.

Kazán

Llegue casi al medio día y aunque ya eran los primeros días de septiembre hacía mucho calor. Tomé el colectivo(bus) y me fui al hostel que tenía reservado. En el hostel prácticamente no hablaban inglés, pero nos pudimos entender con lo básico gracias a una notable mayor simpatía en la gente local.

Kazán es una muy linda ciudad, pero si la pueden hacer antes de Moscú les va a gustar el doble.

La ciudad es grande pero no tanto como para no poder recorrerla a pie si se está dispuesto a caminar. Tomando como punto de partida el Kremlin, enfrente se encuentra el edificio del ministerio de agricultura y administración que, si bien no entre, me llamó muchísimo la atención la puerta de este lugar, es una verdadera obra de arte.

Siguiendo unos minutos en dirección al rio hay un paseo que se extiende a lo largo de la costa, y aunque es muy moderno, es algo lindo de visitar. Si se llega hasta el final de ese paseo, se pueden subir unos cuantos escalones y además de tener una vista diferente de la ciudad se llega a la Universidad, un edificio muy particular. Andando sin mucha dirección por las calles siguientes termine en la plaza principal y unos minutos después llegue a la calle peatonal que tiene mucha vida y son varias cuadras con restaurantes, bares y negocios.

Si bien, como ya dije, la comida rusa no fue algo que me cautivara (y eso que me gusta comer), hubo algo que no pude evitar probar porque desde que baje del tren no había una calle donde no lo estuvieran vendiendo. Si van por ahí, no tengan dudas que lo van a ver y se llama chak-chak. Es como una masa frita pegoteada con miel, no está nada mal, me gusto, solo tengan algo a mano para tomar después.

Esa noche termine yendo a tomar una cerveza con 2 chicos de los países bajos y 2 chicas rusas que nos encontramos por la aplicación de coachsufing. Creo que ellos 2 y yo éramos los únicos extranjeros en la ciudad y sin dudas, las únicas personas en el bar jaajaj. Tengan en cuenta que si bien parece ser un lugar que recibe turismo internacional, esto sucede solo en los meses de julio y agosto, según me dijeron los locales. El resto del tiempo, o al menos puedo decir que en septiembre, está vacía de turistas a un 99%.

Mi siguiente día en Kazán fue un poco complicado. Estaba viendo de hacer alguna parada más antes de ir hacia el lago Baikal, pero se hizo tan difícil la compra del pasaje que termine decidiendo ir directo. Este tramo lo compre en 3ra clase, no solo porque la diferencia de precio era enorme, sino porque en 2da, para dormir la gente cierra la puerta corrediza del camarote de 4 y la verdad no es algo que este muy bueno estar encerrado en un espacio tan chico con 3 personas más, cuando encima hace bastante calor (considerando que mi tramo iba ser de 3 noches y sus días sin bajar del tren).

Comprar por internet pasajes de 3ra clase es imposible, me lo habían dicho y mi experiencia lo comprobó. Comprar en la estación sale un poco menos, pero cuesta más esfuerzo mental :p  Tengan en cuenta, que al menos en mi caso, las tarjetas tanto de débito como de crédito no funcionaron ni personalmente y lo termine pagando en efectivo.

Después de lograr comprar el ticket y recuperar un poco de la energía que me había consumido esa hazaña, me fui a comprar comida para llevar en el tren. Celular en mano y translator abierto con cámara recorrí la góndola del super para comprar toda comida que se pueda preparar solo con agua hirviendo (porque es lo único que hay en el tren), a eso, le sume sobres de cappuccino, galletitas, agua, algunas pavadas más y listo. Volví al hostel prepare mis cosas y me quede intentando hablar con una chica que hacía esfuerzos sobrehumanos para hablarme en inglés y al igual que otro hombre que estaba ahí me daban aliento y me decían que nunca habían conocido a alguien que viniera de tan lejos y que ni ellos habían ido alguna vez a Siberia. Ella me dio su celular, pero lamentablemente en Rusia no usan ni fb ni WhatsApp por lo que mantener el contacto se hizo complejo, y él me regalo una manzana y me bajo mi equipaje cuando a la 1 de la mañana me vino a buscar el taxi.

3ra clase!

El clima en solo 2 días había cambiado drásticamente. Esperaba el tren en el andén (abierto) y hacia un frio terrible. Subí al tren a las 2 de la mañana. Todo estaba a oscuras y la mayoría de la gente dormía. No es algo fácil encontrar el número de la cama a oscuras entre las 50 camas restantes del vagón. Yo elegí la cama de abajo, paralela a la ventana (¡posición altamente recomendable!), pero cuando la encontré estaba armada como dos asientos con una mesa/tabla en medio y yo no tenía idea de cómo transformar eso en una cama. Por suerte en las camas de al lado había unos hombres que se apiadaron de mí, lo transformaron en cama y agarraron mi mochila y la pusieron en el portaequipaje que está cercano al techo. Lo malo de eso es que no pude volver a agarrar nada de mi mochila en los 3 días de viaje jajaja

A los pocos minutos de que dejo la estación paso un hombre repartiendo la bolsa con las sábanas y toalla. Todo en perfectas condiciones. La ¨cama¨ no tiene un verdadero colchón. Por suerte alguien literalmente me había dicho: lo que vos vas a pensar que es el cubrecama, es el colchón. Y así fue, armé mi cama, me puse el pijama (de la manera más discreta posible) y me acosté a dormir.

No muchas horas después me desperté cuando estaba amaneciendo. La gente está casi siempre comiendo algo, siempre hay alguien que recién subió y gente que se está preparando para bajar. Pero, a pesar de tanto movimiento, el tren esta siempre limpio.

Intente hablar con la gente que me había ayudado la noche anterior y vía Google translator lo hicimos. Un matrimonio que viajo casi todo el trayecto en frente mío me miraba y me sonreía y, en alguna parada que caminábamos por el andén para estirar las piernas, la señora me hacía señas para que camine con ella porque había un hombre borracho.

En las paradas recorría el andén de punta a punta (mientras todos compraban algún comestible que siempre están vendiendo) buscando algún otro turista, puedo dar fe que era la única.

Una chica rusa me empezó a hablar en ingles, pero su trayecto era muy corto. Antes de bajarse me vino a saludar y me regalo toda la comida que llevaba con ella. Lo mismo hicieron los hombres que me habían ayudado cuando ni bien llegue. Creo que terminé bajando con más comida que cuando subí.

Si bien es muy fácil dormirse en el tren, creo que cada noche se dormía un poco menos. Porque, al ir atravesando los husos horarios cada día amanecía más temprano.

El segundo día subió, por pocos kms, un hombre que tendría mi edad y también me hablo un poco en inglés. Aunque no fue un gran aporte porque me dijo que estaba loca por viajar sola en el tren ya que no era un lugar seguro para mujeres solas. No digo que lo sea, pero si es así, no fue mi sensación.

El paisaje, por lo menos en septiembre, no es gran cosa… hermosas tonalidades de rojo por el inicio del otoño, pero mayormente plano. Aún así, me mantenía ocupada mirando todo el día por la ventana y escuchando música.

Algo que me causaba mucha gracia y que se repitió en más de una ocasión es que cuando alguien me hablaba en ruso y yo decía que no hablaba el idioma se quedaban callados por unos segundos y luego me volvían a hablar, pero esta vez extremadamente lento, como si el no entender fuera un problema de velocidad.

Cuando iba llegando a Irkutsk tengo que reconocer no estaba de lo más cómoda, y no porque hiciera 3 días que no me bañaba (porque no tiene ducha el tren) o porque necesitara caminar más. El tren se estaba quedando sin gente, la mayoría se había bajado en estaciones anteriores y yo iba a llegar en esta nueva ciudad a las 2 de la mañana. Si bien el hostel estaba cerca, no lo suficiente como para ir a pie. Y no sé si lo mencione, pero los taxis tienen muy mala fama de ser estafadores. Dejando de lado eso, creo que igual son muy pocas las ciudades en las que me sentiría 100% relajada llegando a esa hora sola. Pero bueno, una vez que se está en baile, no queda otra que bailar. Así que Salí de la estación y por supuesto había un montón de taxis al asecho. Fui preguntando quien tenía taxímetro hasta que uno me dijo que sí. Me subí y cuando arranco y le volví a decir del taxímetro no lo quiso prender y me dijo que mejor por km, a lo que le pregunte cuanto el km y me termino diciendo 3 veces más de lo que yo sabía que tenía que costar. Me enoje y le dije que no, a lo que el señor amablemente freno en la mitad de la calle y me dio a entender que me llevaba de nuevo a la estación (cuando ya estábamos a mitad de camino) a lo que le dije que no y termine aceptando que me robe con ese precio.

Un detalle a tener en cuenta para no entrar en panico es que, en Rusia los edificios dan todos al pulmón de manzana, desde donde se ingresa. En las veredas no hay puertas, pero si dan un poco la vuelta a la manzana seguro encuentran la entrada al pulmón y desde ahí, la entrada a los edificios. Llegue al hostel y la señora que me esperaba no hablaba una palabra de inglés, cero. Asique me mostro mi habitación y me dejo. En la habitación, muy contrario a mis expectativas (porque me habian dicho que Irkust estallaba de turistas), había una sola persona. Un chico ruso que no hablaba inglés, pero que quería hablar conmigo, por lo que otra vez se entablo el dialogo con la voz de Stephen Hawking dándole play al translator. Después de media hora de una conversación casi incoherente y considerando que eran las 3:30 de la mañana, nos terminamos yendo a dormir.

 

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