Bosnia, mi mejor desvío – Mostar y Sarajevo

Si tengo que ser honesta, no estaba ni remotamente en mis planes visitar Bosnia en este viaje. No porque tuviese algo en contra, sino porque no tenia ni siquiera una vaga idea de qué o cómo era Bosnia. Gracias a haberme cruzado en la calle, viendo un partido de la eurocopa, con un chico de Bosnia en Porto (Portugal) fue que cambie mi rumbo y lo incluí en mi itinerario.  Este chico, que poco después se convirtió en amigo, con pocos minutos y algunas fotos me convenció de viajar a su país. Y así fue como un mes después viajaba en micro de Dubrovnik (Croacia) a Mostar (Bosnia) disfrutando un paisaje de lo mas espectacular.

Mostar

Esta pequeña ciudad de Bosnia es realmente encantadora. Y si hay algo que es indiscutible es que este país tiene una belleza natural como pocos. Montañas, ríos, cascadas, arquitectura y como si eso no bastara, la gente mas cálida y amable que conocí.

Bosnia es un país muy económico. Sumando alojamiento, comida y alguna excursión se podría pensar en un presupuesto promedio diario de 25 euros. El hostel donde me quedé, fue mi segunda experiencia con la gente local. El dueño se deshacía en atenciones con todos los que estábamos ahí, estaba en todos los detalles. Se llama hostel Mirror, no recibo nada por mencionarlo, pero lo hago con total convicción de que vale la pena. Ni bien llegue, el dueño me recibió con una porción de torta casera que hacia su madre y un vaso de jugo fresco. El tour lo tome con el, porque ademas de parecer confiable lo ofrecía a un precio menor que el resto.

Nos vinieron a buscar aunque eramos solo 2, yo y un chico de Amsterdam que estaba hospedado ahí también. El señor que nos llevo nos fue explicando y contando sobre cada lugar durante todo el día. Primero visitamos Blagaj Tekke, donde se puede ver un monasterio que data del 1500 o tomar un pequeño bote para ir dentro de la montaña, donde empieza el rio Buna. Después, nos llevo a Počitelj Old Town. Esta vieja ciudad es una belleza, y la vista desde arriba, un verdadero placer para la vista.

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Después de recorrerla un poco, emprendimos el viaje hacia la ultima parada, las cataratas de Kravice. A mitad de camino se pasa cerca de la ruta que va a la virgen de Medjugore. Desde Mostar también hay micros que van y vienen directamente del santuario.

En Kravice nos quedamos unas 2 horas aproximadamente. Nadamos (aunque el agua es helada), trepamos algunas rocas para pasar por debajo de las cascadas y después de secarnos al sol, volvimos al hostel.

Mas tarde salimos a pasear por el centro de la ciudad, que son pocas cuadras pero muy pintorescas y con mucha vida. Fuimos a cenar al restaurante mejor puntuado en tripadvisor, Tima-Irma. Y de nuevo la atención fue realmente para destacar. La calidez y amabilidad de esas personas no es algo que se vea a menudo. Y si encima consideramos el precio promedio de las cosas, es doblemente llamativo. Después de comer muy muy bien, y pagar muy muy poco nos estábamos yendo y la dueña nos corrió para regalarnos una botella de cerveza, para que tomáramos al llegar al hotel, porque hacia mucho calor.

Al día siguiente me dedique a recorrer un poco mas de la ciudad y nuevamente el centro, que tanto de día como de noche es precioso. El color del agua debajo del famoso puente parece artificial, y las montañas y construcciones que lo rodean lo hacen perfecto.

Esa misma tarde me fui a la estación (que queda muy cerca del centro de la ciudad) y tome un bus a la ciudad capital de Bosnia.

Sarajevo

Al llegar a la estación me costo un poco encontrar alguien que me entendiera y/o me pudiera explicar como llegar al centro, a pesar de que lo intentaban. Por lo que recomiendo googlear las indicaciones antes. Pero después de unos pocos minutos en una especie de tranvía, llegue fácilmente al hostel que había reservado.Sarajevo es una ciudad muy especial, para mi, mágica. Tiene un encanto único. Es una ciudad cargada de historia, de religión, de culturas, todo entrelazado generando una atmósfera increíble. En Sarajevo, tanto como en Mostar, los rastros de la guerra están presentes. Ver tantas marcas en las paredes o escuchar las historias de algún sobreviviente pone la piel de gallina. Y aun así, la gente de este país tiene una actitud tan positiva que parece mentira que la guerra haya terminado hace tan poco.

Esta ciudad me la habían descrito como una mini Estambul, y estoy de acuerdo. Multi religiosa, llena de tradición y llena de vida.  No podría decir exactamente que tiene, pero sin duda, atrae. Tal vez, son sus cientos de cafés donde siempre hay gente, o la plaza principal que es otro gran punto de encuentro, la verdad no se.

Estuve 4 días, y me hubiera quedado un poco mas, pero para recorrerla alcanza. La primer noche en el hostel salí con una de las chicas que estaba en mi habitación y otras que ella había conocido. Entre ellas había una chica que vive en Sarajevo, pero es de Kosovo, con la que me vi todos los días. Fue una anfitriona de lujo, me llevo a probar de todo. Café, té, burek, frutos secos, hookah y los mejores chocolates que comí!!! Y hasta me regalo una caja de esos chocolates cuando me fui .

Recorrí las calles de la ciudad tantas veces como pude y en distintos horarios. Tomé (como siempre) el walking tour para conocer mas sobre la historia, visite la galería que tiene en exposición la muestra de la guerra (la cual es realmente devastadora) y visite el yellow fortress. De noche también salíamos pero es bastante tranquilo y con una movida muy local.

El ultimo día me reencontré con el chico que había conocido en Portugal, y gracias a el cual había decidido visitar el país. El me llevo a un mirador en la cima de la montaña Trebević , pasamos por la pista de esquí que se había construido para las olimpiadas de 1984 (y que esta completamente destruida) y después fuimos al parque Vrelo Bosne, que es muy lindo pero si se tiene poco tiempo no es algo imperdible.

Esa misma noche me tome un bus a la estación. Es importante tener en cuenta que hay 2 estaciones de bus. La que me tocaba ir a mi requiere una pequeña caminata, tal vez unos 200 mts, por un lugar no muy transitado. Y así dejaba Bosnia (un país al que no veo la hora de volver) e iniciaba, sin saberlo, mi travesía a Montenegro, pero esa es otra historia.

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